10 Abr

Historia de los Samurais (Primera Parte)

Queremos compartir con ustedes este excelente artículo llamado HISTORIA DE LOS SAMURAIS, escrito por el maestro Rubén Darío Rodríguez Vásquez y tomado de su grupo en Facebook “NUESTRO ARTE MARCIAL ESTUDIO

HISTORIA DE LOS SAMURAIS

(Primera Parte)

En Japón la clase guerrera era conocida como Samuráis, también llamada Bushi. Formaron una clase durante los siglos IX y XII. Emergieron de las provincias de Japón para transformarse en la clase gobernante, hasta su declive y total abolición en 1876, durante la era Meiji. Los Samuráis eran luchadores, expertos en las Artes Marciales. Tenían notable habilidad con el arco y la espada. También eran grandes jinetes. Eran hombres que vivían siguiendo el Bushido; era su modo de vida. La lealtad total del Samurai era para su Emperador y para su Daimyo. Eran honestos y de total confianza. Vivían vidas frugales, sin interés en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Eran hombres de valor verdadero. Los Samuráis no temían a la muerte. Entablarían batalla sin importar cuales fueran las dificultades. Morir en la batalla reportaría honor a su familia y a su señor.

Los Samuráis preferían luchar solos, uno contra otro. En batalla un Samurai “invocaría” el nombre de su familia, Rango y hazañas. Entonces buscaría un oponente de similar rango y batallarían. Cuando el Samurai acaba con su oponente le decapita, para así tras la batalla retornar con las cabezas de los oponentes vencidos que acreditan así su victoria. Las cabezas de los generales y aquellos con alto rango eran transportadas de vuelta a la capital y mostradas en las celebraciones y similares.

La única salida para un Samurai derrotado era la muerte o el suicidio ritual: Seppuku. Seppuku o desentrañamiento, también conocido como Hara-kiri, es cuando un Samurai literalmente se saca las entrañas.

Tras ese acto, otro Samurai, usualmente un amigo o pariente, le corta la cabeza. Esta forma de suicidio era realizada bajo diferentes circunstancias. “Para evitar la captura en batalla, captura que el Samurai no consideraba deshonrosa y degradante, pero de mala política; para expiar un acto indigno o fechoría; y quizás más interesantemente, para advertir a su Señor”.

Un Samurai prefería matarse así mismo antes que traer deshonor y desgracia al nombre de su familia y a su Señor. Esto era considerado un acto de verdadero honor.
Los Samuráis fueron clase dominante durante los años 1400 y 1500. En el año 1600 fue un tiempo de unificación y las guerras en Japón habían cesado; luego vino el final de la era Tokugawa y en los últimos años 1700 Japón comenzó a moverse hacia una vida más modernizada, más “Occidental”. No había ya necesidad de usar los servicios de los hombres luchadores, los hombres guerreros, los hombres Samuráis. Los Samuráis y su modo de vida fueron oficialmente abolidos aproximadamente por el año 1870, pero no fueron olvidados del todo.

LA ESPADA

El Sengoku fue un periodo bastante anárquico. Hasta los campesinos solían ir armados. Sin embargo, los Samuráis eran los únicos que podían llevar dos espadas, llamadas “Daisho”, como distintivo de su estatus exclusivo como guerreros. Estas dos armas, la Katana larga y la wakizashi o más corta, se llevaban juntas, aunque normalmente no se utilizaban a la vez como armas. Miyamoto Musashi se salía de la norma porque en su estilo “Dos Cielos” se utilizaban las dos espadas al mismo tiempo. También merece la pena mencionar otro tipo de espada, el “no dashi”. Estos enormes mandobles sólo los usaban los saldados de a pie.

Los Samuráis utilizaban la katana para defenderse y atacar y por eso, nunca incluyeron como defensa los escudos, a diferencia de los caballeros europeos. Gracias a la resistencia del acero, podían bloquear y desviar golpes que habrían hecho añicos cualquier arma de acero ordinaria. Por otro lado su cortante filo le otorgaba la habilidad de rebanarle hasta los huesos a un oponente. Estas dos cualidades eran el resultado de la destreza y experiencia que los espaderos habían acumulado a lo largo de siglos de experimentación. Ninguna otra espada, ni siquiera el famoso acero toledano, pudo comparase con estas armas japonesas.

La espada de un Samurai se fabricaba mediante muchas capas de hierro y acero. Ambas se alisaban a martillazos y se doblaban muchas veces hasta conseguir un “sándwich” de muchas capas. Por cada forjado se duplicaba el número de capas de metal de una espada. Así se le proporcionaba a la espada una gran dureza, cuando se fundían el acero y el hierro juntos. El hierro aportaba flexibilidad a la hoja, mientras que el centro de acero se podía endurecer hasta conseguir un filo perfecto. El proceso final del forjado era especialmente ingenioso. Se cubría la hoja con arcilla de diferente grosor a lo largo de la misma; fina en el filo cortante y gruesa hacia el extremo. Cuando una vez cubierta de arcilla se calentaba y después se enfriaba, bajaba de temperatura a diferente velocidad y los cristales de metal a cada punta de la hoja terminaban adquiriendo diferentes tamaños. Eran grandes donde se había puesto arcilla final y por lo tanto flexibles, y pequeños en el filo para formar un extremo firme que podría afilarse. Una vez lustrada, el cambio del acero más blando y el filo más duro quedaban como la “Yakima”, una línea que se parece a una ola que rompe.

El resultado de todo esto era una espada que podía cortar a un hombre en dos, literalmente. A veces los criminales condenados a muerte servían para probar las nuevas espadas, pero era más normal tomar un manojo de ramas y bambú o utilizar cadáveres.

La espada se convirtió en el “alma del Samurai” que la blandía y muchas se convirtieron en reliquias de familia.
Hasta en la Segunda Guerra Mundial, algunos oficiales recubrieron sus espadas de familia con accesorios apropiados para el ejército y las utilizaron de forma activa. Las espadas que se llevaban a casa los oficiales aliados como recuerdos de guerra de las batallas de Asia y el Pacífico se siguen reconociendo hoy en día como aceros antiguos y valiosos.

(Fin de la primera parte, continua en la próxima lección).

Muchas Gracias,

Su Servidor, Rubén Darío Rodríguez Vásquez.