22 Jul

Las artes marciales acaban con el bullying

En nuestra sociedad es evidente que la violencia  cada vez toma más fuerza, tanto así, que ya ha traspasado los límites de la calle y ha permeado las instituciones educativas, pero ¿a qué se debe esto?

Si tratamos de buscar respuesta a esta pregunta, nos encontramos múltiples causas que van desde la falta de valores que son esenciales, como la tolerancia, el diálogo y el respeto; hasta las situaciones familiares.

Cada vez es más frecuente encontrar familias disfuncionales; a esto se le puede agregar la televisión, el cine, el Internet, los juegos de video, entre otros factores que infunden la violencia.

Esto se debe, a que generan en los niños y jóvenes la idea errónea de que es necesario “matar” a los malos ya que es la única manera de hacer justicia.

Por las causas antes descritas, cada vez es más frecuente encontrar entre la población más vulnerable el acoso físico y psicológico, lo que hoy conocernos como el bullying.

Es decir, una forma de maltrato físico, verbal o psicológico entre estudiantes de forma frecuente a lo largo de un determinado tiempo, este acoso se puede presentar tanto en el aula de clase o través de las diferentes redes sociales, a este último, se le conoce como ciberacoso.

Por tal motivo, es muy común que los padres quieran ingresar a sus hijos a un arte marcial con la idea de que se puedan defender ante este tipo de ataques, pero las artes marciales van más allá de la defensa, de los puños y las patadas.

Las artes marciales son disciplina, son un estilo de vida, que le ayuda a los niños a mejorar el control de las emociones, la tolerancia, la confianza en sí mismos, el respeto hacia  los demás, generan tranquilidad, ayudan  en la concentración y  a mantener la calma en situaciones que les puede llegar a generar estrés.

En consecuencia, a través de la práctica de las artes marciales los niños establecen relaciones más equilibradas y constructivas con sus pares.

Se vuelven más solidarios, aprenden a reconocer y a  valorar las diferencias de sexo, clase social, creencia, raza y otras características individuales y sociales.

Por lo tanto, el niño que practica un arte marcial no adquiere solamente unos conocimientos técnicos sino que su práctica le contribuirá a construir una personalidad equilibrada y estable, le ayudará a adaptarse a la sociedad de manera más fácil, así como a canalizar su energía y a mejorar su autoestima.

En conclusión, no será un blanco fácil para ser acosado, ni se convertirá en un acosador.

Será un niño con una gran autoestima y autonomía y sobre todo, una persona con una gran responsabilidad social, ya que se convertirá, en gran medida, en un ejemplo para los demás.

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